Iom Haatzmaut y la UHJ, 69 años atrás

Juramento de Jaim Weitzman, quien renunciara a la presidencia de la UHJ,
para ser honrado como primer Presidente del Estado de Israel.

Recordando esos momentos

David Ben Gurión proclamó el nacimiento del nuevo Estado, el mismo día en que cesaba el Mandato Británico. Al día siguiente, 7 ejércitos árabes iniciaron la guerra contra el Estado de Israel.

Consecuencia de ello, una parte de la ciudad de Jerusalem, incluyendo el Monte Scopus, el campus de la Universidad Hebrea con su biblioteca y edificios, quedó en manos jordanas.

Esta situación dramática obligó a desplegar una compleja estrategia de reubicación edilicia que le permitiera asegurar la continuidad de su tarea académica.

Todo ello sucedía en momentos en los que la prioridad de Israel estaba centrada en la recepción, alojamiento, educación y salud de los miles de nuevos inmigrantes que iban llegando desde la devastada Europa y de otros lugares del mundo.

Jerusalem, noviembre de 1948
Informe del administrador de la Universidad Hebrea.

La Universidad Hebrea ha perdido a más de un centenar de sus estudiantes que cayeron en batalla, algunos de sus más destacados científicos y académicos, así como trabajadores de la parte administrativa y técnica.

Sus edificios y sus equipos han sido dañados por los bombardeos, y durante una gran parte del año se cortaron las comunicaciones con el Monte Scopus.

Todas estas tragedias hubieran sido suficientes para desanimar incluso a instituciones más antiguas que la Universidad Hebrea. Pero el hecho de que la Universidad tratara de hacer todo lo posible para mantener sus actividades en forma normal durante todo este período, que haya hecho todos los preparativos para abrir en breve el nuevo año académico (aun cuando haya debido ser retrasado), y que siga adelante con entusiasmo, con sus planes para el desarrollo y la expansión, habla a las claras de su fortaleza y su resiliencia.

Pero si uno se retrotrae a lo que fue la historia en los últimos tiempos, no debería sólo estar marcada por la tragedia, sino poniendo el debido énfasis en los hechos más positivos que sucedieron. Por ejemplo, debería contar cómo fueron organizadas las clases en las escuelas de la ciudad o en los hogares de los docentes, y cómo numerosos estudiantes, que aún estando alistados en el ejército, asistieron a las conferencias cada vez que les fue posible.

Uno debería hablar sobre cómo fueron trasladados a la ciudad los laboratorios y sobre la forma en que los científicos de la Universidad se esforzaron para continuar con su trabajo, aún bajo las circunstancias más adversas.
Uno debería también referirse al trabajo artesanal realizado por la Biblioteca Nacional Judía y la de la Universidad, al instalar dos ramas de la biblioteca en la ciudad, una de las cuales cuenta con una sala pública de lectores y con un servicio de préstamo de libros.

En esos locales se acopian también los libros que se siguieron recibiendo del exterior este año, así como los recolectados de bibliotecas y residencias privadas judías de Europa y que fueron guardados en fideicomiso hasta que la paz sea restaurada.

Por último, aunque no menos importante, uno debería describir la considerable participación que tuvo la Universidad a través de sus profesores, graduados y estudiantes.

Alcanza en esta oportunidad con decir que docentes y graduados de la Universidad, al igual que sus estudiantes, realizaron una destacada contribución para enfrentar la guerra.
Algunos de ellos tienen destacados cargos en el Ejército de Israel. Entre ellos está Yigal Yadin (Yigal Sukenik), Jefe de Operaciones.

Pero las guerras no se desarrollan sólo en el campo de batalla. La salud de un ejército, así como la de la población civil, resulta igualmente decisiva para el éxito en la batalla.

Actualmente la Universidad está cumpliendo con su función vital y mira hacia el futuro, profundamente consciente de las nuevas y grandes responsabilidades que la creación del Estado de Israel ha depositado en ella, dado que al ser la única Universidad del país, está llamada a entrenar a los científicos, a los agricultores, a los médicos, a los docentes, a los abogados y a los funcionarios civiles que son ya demandados en gran escala y que continuarán siéndolo en los años venideros.

La Universidad no ahorra esfuerzos en encarar esas responsabilidades y pese a las dificultades por las que atraviesa, no sólo sigue avanzando con el desarrollo de su programa sino que también hace todo lo que está a su alcance para apurar su implementación.

Sus energías están encaminadas a retornar lo antes posible al Monte Scopus, para continuar allí no sólo el trabajo que debió dejar interrumpido, sino también para poner en práctica sus planes para el futuro.

¡Ojalá llegue pronto el día en que regrese!