Cabala: misticismo judío

Por: Prof. Rachel Elior

“El intelecto es el mejor arma que tenemos en la historia”. Albert Einstein

La Cábala es una colección de libros con miles de páginas originariamente compuestas en la Edad Media, a partir de finales del siglo XIII, en tiempos de los Cruzados, y fue creada por los judíos que entonces habitaban el norte de España y el sur de Francia. Su escritura constituyó una respuesta espiritual a la devastación sufrida por la comunidad judía de Francia y de Alemania, en todo el valle del Rin.
Más tarde, la Cábala continuó escribiéndose a lo largo de los siglos, desde el XIII hasta el XX, como respuesta de los judíos indefensos ante las persecuciones y las expulsiones de las que eran objeto.

Pérdidas y duelos, exilio y tragedia, son las bases de estos escritos historiográficos que propendían a una actividad de la imaginación por medio de la creación de comunidades imaginarias, ofreciendo una compensación espiritual por las pérdidas materiales.

El pueblo judío vivió en el exilio desde el siglo I, y sufrió tragedias constantes a lo largo de su historia. Durante el período de temores y padecimientos sufridos por la comunidad judía del norte de Francia y de Alemania, en tiempos de los Cruzados, los pensadores judíos crearon una comunidad imaginaria y una realidad imaginada.

Ello sirvió de puente entre la comunidad divina, paradisíaca, de Israel y la comunidad mundana y terrestre de los judíos: ambas comunidades recibieron el nombre de Kneset Israel, Comunidad de Israel, y sufrieron el exilio; ambas comunidades clamaron por la redención y estaban entrelazadas por medio de una historia literaria sagrada.

Los Cabalistas formularon un orden de hechos imaginarios en el pasado (la historia de la creación) de modo tal que pudiera concebirse un cierto devenir mítico para el futuro (la historia de la redención).
Ellos relataron una historia sobre los comienzos mismos de la creación –muy distinta de la narración bíblica- en la cual Dios había intentado crear un mundo perfectamente armonioso dividido en diez esferas (sefirot); cada una de ellas reflejaba diferentes dimensiones de la sabiduría divina: la eternidad, la creatividad, la benevolencia, la justicia, la gloria, la dimensión masculina, la dimensión femenina, y todas estaban unidas en la mente del Creador. Sin embargo, en el preciso instante de la creación, ocurrió una catástrofe, y algunos poderes del mal hicieron trizas la estructura divina provocando un desorden absoluto en el que todas las cosas fueron desplazadas de su lugar, desterradas y dispersadas. La esfera que se encuentra en la parte inferior, conocida como la divina presencia, la Shejiná -la parte femenina de las diez esferas, también conocida como la comunidad de Israel- fue capturada por los poderes maléficos. El mundo quedó dividido entre dos poderes en pugna: los malignos poderes del exilio –poderes profanos, y los poderes del bien y de la redención– poderes sagrados.

De acuerdo a la historia de los Cabalistas, al pueblo judío le fue asignada una misión única y particular: la de enmendar, reconstruir y redimir el mundo que había sido destruido por los malignos poderes del sacrilegio, y rescatar a la esclavizada Shejiná a fin de ayudar a los poderes sagrados de la unidad y la redención. El pueblo judío habita en el exilio por la sola razón de que la divina presencia está allí, no por un destino histórico arbitrario. El pueblo judío sufre este exilio y vive en un mundo “roto” e imperfecto como reflejo del destino de la divina presencia, y su tarea es la de recomponer el mundo que está roto (tikun olam), redimir y rescatar a la divina presencia, y ayudar a conquistar la victoria final de los poderes divinos de redención por sobre los poderes malignos del exilio.

¿Cómo puede lograse este noble objetivo?
Los Cabalistas sostenían que existe una importante conexión entre la fuerza divina de la creación tal y como se manifiesta en palabras, y el lenguaje humano expresado en la lectura y la escritura. De acuerdo a esta percepción la lengua hebrea compuesta por 22 letras cuenta con infinitas posibilidades de permutación no obstante contar cada una de esas letras con un valor numérico finito. El espíritu sagrado debe ser hallado en la divina creación del lenguaje humano, y cada palabra puede ser leída de diferentes maneras y tener distintos sentidos. Por medio del lenguaje la divinidad se puede expresar de modo tal que pueda ser captada por los seres humanos, y esto explica por qué en cada palabra residen tanto elementos finitos (los signos) como infinitos (los significados), que están en su interior. Los cabalistas consideran que en cada letra existen destellos divinos, y que en cada texto se puede revelar un brillo divino y un espíritu santo mediante un proceso denominado ‘ley oral’. Puesto que el propio proceso de la creación fue iniciado con el lenguaje (tal como se relata en el comienzo del libro del Génesis), éste también podría emplearse para alumbrar la oscuridad del exilio; el pensamiento humano, focalizado en la divina presencia (también designada como ‘ley oral’) que está en el exilio, puede elevarla cuando desarrolla la creatividad imaginativa humana, relatando historias sobre el proceso creativo y vinculándolas con una interpretación creativa.

Los cabalistas lo resumirían así: “en cada letra hay infinitos mundos y almas, y hay una divinidad”. La libertad humana se obtiene participando en los incontables sentidos del proceso creativo divino que se refleja en el lenguaje infinito; a través de elaborar nuevos sentidos, de permutar letras creando palabras nuevas, mediante una profunda interpretación lingüística; a través de realizar nuevas lecturas de viejas tradiciones y de hacer nuevos relatos de viejas ideas – se pueden crear nuevas realidades.
“Poniendo las cosas en palabras”, o contando nuevas historias, interpretando viejas parábolas, imaginando entidades invisibles a través de los sueños, las visiones y las leyendas; la creación de nuevos mundos, el desciframiento de sentidos desconocidos que subyacen al lenguaje, todo colabora para incrementar la libertad humana al tiempo que se reconstruyen los mundos destruidos y se redime del exilio a la divina presencia capturada en él.

Los cabalistas conformaron pequeños grupos y círculos de hombres de fe que trascendieron las fronteras del espacio y del tiempo y que al crear nuevas historias imaginarias a partir de los textos sagrados, reinventaron el pasado y el futuro integrando lo oculto y lo revelado, enriqueciendo los escritos sagrados con nuevas interpretaciones.
El principal relato de los cabalistas se refiere a la divina presencia, la Shejiná –el lado femenino de la Divinidad- también conocida como ‘la comunidad (celestial) de Israel’, ‘la ley oral’, la ‘novia’ o la ‘amada’; como ‘Shabat’, la ‘reina’, y la hermana de Sión. Ella ansía verse reunida con su contraparte celestial, El Santo bendito Sea.

Los esfuerzos de los Cabalistas tienden a ayudar a que se unifiquen las dos dimensiones de la Divinidad, la femenina comunidad celestial de Israel, y la masculina, El Santo bendito Sea (focalizando el pensamiento humano en lo divino). Ellos redimen a la Shejiná del exilio al incluirla en un relato, al recordarla en su lucha contra los poderes del mal y al identificarla con sus ansias de redención. Durante seis días de la semana la Shejiná permanece en el exilio, mientras que en Shabat, el séptimo día, ella es redimida.

¿Qué hacen pues los cabalistas? En primer lugar, antes de sus rezos diarios y de cumplir sus preceptos cotidianos, ellos conmemoran el exilio divino y creen realmente y lo expresan, que lo hacen en aras de la unificación del Santo Bendito Sea y de Su Shejiná.
En segundo término, considerando que el mundo se divide entre fuerzas del bien y fuerzas del mal, poderes sagrados y poderes sacrílegos, sostienen que en el deseo humano y en sus pensamientos reside la habilidad y la obligación de cambiar el equilibrio entre el bien y el mal, entre la justicia y la injusticia, entre lo sagrado y lo profano, entre el exilio y la redención.

Ellos comenzaron contando historias imaginarias acerca de cómo fue creado el mundo en 32 líneas de sabiduría consistentes en 22 cartas fundacionales y 10 números infinitos conocidos como esferas (sefirot):
“Diez Esferas infinitas; su apariencia es centelleante; son eternas, no tienen fin; contienen un lenguaje divino y se expanden como una tormenta desatada, no obstante regresar para inclinarse ante Su trono” (Libro de la Creación).
Este es un pequeño capítulo en la historia de los números considerados desde un punto de vista místico.

El Misticismo significa trascender o atravesar fronteras de tiempo y espacio, conectando lo terrenal con el reino de lo celestial por medio de la imaginación humana, centrándose en la verdad oculta tras la cruda realidad que percibimos, en el misterio del significado divino y en la intencionalidad que esta más allá de la experiencia humana.

Toda acción de estudiar, o de crear nuevos relatos e interpretaciones; todo acto de caridad y benevolencia, de desciframiento imaginario del sentido de las palabras, de imaginar lo invisible y lo imposible; todo acto de contemplar la unidad y la separación, de relatar la unión de los opuestos, de poner en palabras un mundo nuevo; toda forma de escritura, de cálculo, de pensamiento profundo; el cuidado de otras personas, la creación artística, la estética, la música y la poesía; todo ello colabora con los poderes divinos de la redención, los poderes de la vida sagrada, la creatividad y la eternidad.

En el extremo opuesto: cada acto de ignorancia o de crueldad; la imposición de un limite a la acción y al pensamiento; la discriminación, la esclavitud, las mentiras; toda forma de destrucción, daño, devastación, humillación, persecución, estupidez y estrechez mental; todo refuerza los poderes del exilio, de la profanación y la muerte, y los poderes de la destrucción malvada en el cielo y en la tierra.

Los Cabalistas consideraban que cada palabra representaba un iceberg, del cual sólo una octava parte era visible a los ojos en tanto que la siete octava parte restante estaba sumergida en el agua. De este modo, cada frase de las Sagradas Escrituras debería ser contada una y otra vez a fin de ampliar la imaginación humana. Este proceso es llamado “ley oral”, que como dijimos, es uno de los nombres de la Shejiná. Esto significa la eterna creación del mito y la leyenda, la interpretación creativa y la clarificación en un modo espiritual. Significa la capacidad de volver a contar antiguas historias como la historia de la Creación o la historia de Dios (Dios esta dividido en infinitas partes que están unidas en el sentido de la unión de los opuestos: lo infinito y lo finito, lo masculino y lo femenino, el pensamiento y el habla, lo concebido y lo revelado; en diez esferas reveladas y una entidad infinita, como leemos en el Libro del Esplendor); o la historia de la destrucción del Templo de Jerusalem.

El Misticismo se expresa cuando se formula la existencia de un mundo oculto detrás del mundo revelado. El mundo oculto ofrece una estructura en lugar del caos: el sentido y la intencionalidad en lugar de la decepción ante las atrocidades de la realidad. El Misticismo considera que los seres humanos tienen la capacidad para percibir la realidad oculta mediante su imaginación participando así en el proceso divino de creación eterna.

El pueblo judío, al tiempo que sufría las atrocidades de la historia, sostenía heroicamente la libertad de contar una y otra vez cada aspecto de la historia judía, de la creación y la redención, reformulando incluso la Ley Judía y la experiencia judía desde una nueva perspectiva mística, reemplazando lo perdido en la tierra por aquello que mantenía la eterna inspiración celestial.
A partir de ello, toda la mundana experiencia en la tierra (el exilio y las persecuciones) quedaba transformada en una experiencia divina compartida.

Los Cabalistas pueden tanto relatar el exilio de la Shejiná y la persecución sufrida por los poderes sagrados a manos de los poderes malignos que tuvo lugar en los cielos, como el exilio de los hijos de Israel en la tierra y la persecución que padecieron.

Tanto la Shejiná como la comunidad de Israel en la tierra serán redimidas mediante una batalla espiritual, es decir, mediante actos positivos que ayuden a reconstruir el mundo en una historia distinta, con verdad, conocimiento, libertad, imaginación, creatividad, igualdad, vida y justicia, reemplazando las historias previas de guerras, persecuciones, limitaciones, discriminación, injusticia, tiranía, muerte y esclavitud.

Al crear este otro modo de existencia se reconforta y ayuda a quienes sufren la dura realidad. El Libro del Esplendor (Sefer haZohar), nos muestra como un grupo de personas de fe fue capaz de reinventar el pasado con el fin de imaginar un futuro distinto.

Héroes místicos como Rabí Shimon Bar Iojai, el supuesto autor del Libro del Esplendor (Sefer haZohar), rituales místicos (Kabalat Shabat), textos místicos (El Libro del Esplendor, el Libro del Árbol de la Vida), el lenguaje místico (“cada palabra tiene infinitos significados porque contiene el resplandor divino, los mundos y las almas eternas”), los rezos místicos (cada acción que realiza una persona debe estar dirigida hacia la unificación de los poderes sagrados y su redención del exilio), son expresiones de la lucha de los poderes de la esperanza - el estudio eterno, la creatividad fecunda, la libertad de la interpretación, la adquisición de conocimientos, la conmemoración, la benevolencia, la justicia, el aprendizaje, la lectura y la escritura que son condición de la supervivencia- contra los poderes de la destrucción, la ignorancia, el olvido y la injusticia.

En un comentario posterior al juicio contra Alfred Dreyfus en 1894 (un destacado oficial de las fuerzas armadas de Francia que fue falsamente acusado de traición simplemente por ser judío), el gran escritor judío francés Marcel Proust afirmó: “En momentos en que no soportamos las atroces arbitrariedades de la realidad, el único lugar donde podemos vivir es el mundo de la imaginación”.

Casi medio siglo después, Albert Einstein (1879-1955) declaró, en un momento de gran peligro para el pueblo judío en Europa: “Estoy orgulloso de ser judío, porque nosotros siempre creímos en el conocimiento, la verdad y la justicia, por más de tres mil años; el judaísmo ha probado que el intelecto ha sido históricamente la mejor arma de que disponemos… y es nuestro deber como judíos ofrecer al mundo nuestra experiencia de miles de años siendo fieles a la herencia moral de nuestros antepasados: siendo soldados en la lucha por la paz, hombro a hombro con los más elevados poderes de todos los círculos culturales y religiosos del mundo”.

El misticismo judío es la profunda expresión del desafío creado por quienes carecen de poder pero creen que “el intelecto es el mejor arma que tenemos en la historia”.