Las finanzas sostenibles dependen de la confianza, pero que los desafíos de la confianza se centran cada vez más en los proveedores de calificación ESG, creando tanto una solución al greenwashing como un nuevo riesgo regulatorio.
Mientras los inversores invierten billones en finanzas “sostenibles”, una pregunta urgente se cierne sobre los mercados globales: ¿en quién podemos confiar para decir qué es realmente ecológico y qué es solo greenwashing (*)?
Un nuevo estudio analiza a fondo esta cuestión al examinar el papel de los proveedores de calificación ESG (**), las empresas que califican a las empresas en rendimiento medioambiental, social y de gobernanza e influyen cada vez más en las decisiones de inversión a nivel mundial.
El artículo está coescrito por Agnieszka Smoleńska, de la London School of Economics y la Academia Polaca de Ciencias (anteriormente en la Universidad Hebrea), y el profesor David Levi-Faur de la Escuela Federmann de Políticas públicas y gobernanza, de la Universidad Hebrea de Jerusalem.
Su conclusión es clara: la confianza es la columna vertebral de las finanzas sostenibles, pero es frágil y fácil de mal aprovechar.
El problema de la confianza en el corazón de las finanzas sostenibles
Las calificaciones ESG están pensadas para ayudar a los inversores a separar los esfuerzos genuinos de sostenibilidad de la manipulación de marketing. Pero a medida que el ESG se ha convertido en una herramienta financiera poderosa, han aumentado las preocupaciones sobre calificaciones inconsistentes, metodologías opacas y conflictos de intereses.
El estudio muestra que los reguladores de la Unión Europea y el Reino Unido responden no tomando el control total, sino recurriendo a lo que los autores denominan “autorregulación reforzada”, un modelo híbrido que combina la supervisión gubernamental con estándares liderados por la industria.
Este enfoque refleja una realidad más profunda de los mercados modernos: los gobiernos ya no regulan solos. En su lugar, dependen de intermediarios como las agencias de calificación para traducir valores complejos, como la sostenibilidad, en señales de mercado útiles.
Construir confianza o repararla
La investigación pone de relieve una distinción importante que a menudo se pasa por alto en el debate público: construir confianza no es lo mismo que reparar la confianza una vez que ha sido dañada.
Al comparar los enfoques regulatorios de la UE y del Reino Unido, los autores muestran cómo los responsables políticos utilizan diferentes herramientas según si las calificaciones ESG se consideran sistemas emergentes que necesitan credibilidad o sistemas problemáticos que necesitan ser corregidos. En ambos casos, los proveedores de calificación ESG son centrales, pero también forman parte del problema.
Como dice el estudio, quienes están destinados a crear confianza deben ser ellos mismos confiables.
Por qué importa
Para inversores, reguladores y empresas por igual, el mensaje es sobrio pero constructivo:
- Las agencias de calificación ESG pueden ayudar a frenar el greenwashing, pero solo si están debidamente reguladas.
- La autorregulación puede funcionar, pero solo cuando está respaldada por una supervisión regulatoria creíble por parte de intermediarios.
- La confianza no es automática; debe ser diseñado, supervisado y mantenido activamente. Es un producto de un buen diseño institucional.
A medida que las finanzas sostenibles pasan de ser un nicho a ser convencionales, esta investigación ofrece un recordatorio oportuno: sin confianza, la transición ecológica corre el riesgo de convertirse en otro ejercicio de branding.
El artículo de investigación titulado “Greenwashing and Trust through Enhanced Self-Regulation: The Case of ESG Rating Providers in Sustainable Finance”, ya está disponible en Regulation & Governance.
(*) El greenwashing o “lavado verde” es una estrategia de marketing engañosa en la que empresas presentan sus productos, servicios o imagen como respetuosos con el medio ambiente sin realizar cambios significativos en sus prácticas sostenibles.
(**) El Rating ESG (por sus siglas en inglés) es una evaluación independiente que mide la sostenibilidad y el riesgo a largo plazo de una empresa en áreas ambientales, sociales y de gobernanza. Utilizadas por inversores para identificar líderes y rezagados sectoriales, estas puntuaciones -como la escala AAA a CCC de MSCI- analizan factores no financieros que impactan el valor económico.

