Un nuevo estudio realizado por un investigador de la Universidad Hebrea de Jerusalem sugiere que una serie de incendios catastróficos forzó a las comunidades a abandonar su estilo de vida nómada de cazadores-recolectores y volverse agricultores.
El Prof. Amos Frumkin del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad Hebrea de Jerusalem, autor del estudio publicado en la revista Journal of Soils and Sediments, analizó depósitos de carbón, suelo y minerales en diferentes regiones climáticas de Israel.
Su investigación apunta a que una serie de incendios provocados por tormentas eléctricas intensas debido a un pico en la radiación solar transformó drásticamente el paisaje y los hábitos humanos.
Según Frumkin, estos incendios arrasaron grandes áreas de vegetación, esenciales para la caza y la recolección, dejando los suelos expuestos a la erosión. El resultado fue un desplazamiento masivo de tierras fértiles hacia los valles, creando condiciones ideales para la aparición de asentamientos agrícolas.
Los sedimentos depositados en los valles coinciden geográficamente con los emplazamientos de algunos de los asentamientos neolíticos más antiguos y grandes de la región, como Jericó, Gilgal, Netiv Hagdud y Sha’ar Hagolan.
Frumkin basó sus conclusiones en datos de partículas de carbón halladas en el lago Hula, formaciones minerales en cuevas de Jerusalem y depósitos de suelo en el entorno del Mar Muerto. Todos estos registros apuntan a una causa climática del desastre ambiental.
“Esto no fue una transición cultural gradual. Fue una respuesta a un colapso ambiental. La agricultura y el asentamiento fueron una necesidad, no solo una innovación”, escribe Frumkin en el artículo.
Fuente: Aurora

